3.3.12

COLISIÓN



«Era antes menos duro y menos denigrador que ahora; ha agotado toda su indulgencia, y la poca que le queda, la guarda para sí»
CHAMFORT
Máximas, pensamientos, caracteres y anécdotas

Me gustan las piedras del camino, porque ellas están preñadas de tropiezos y nada mejor que la caída para trazar las direcciones ocultas de un destino. Yo no me busco, me encuentro, y a esa sorpresa recurrente mis jueces lo llaman perderse: qué sabrán ellos, que apenas la esbozan huyen de la identidad esencial entre víctimas y culpables. Las musas tejieron varios hilos para mí y en secreto de confesión me aseguraron que ninguno hilvanaría la salida, pues más allá del laberinto sólo hay enredos mayores que devoran y confunden el anterior como un envoltorio trucado en sus pliegues de texturas y dimensiones. He aprendido a ignorar si esto es bueno o malo, si tiene virtud de causa o atributos de finalidad, si me hace mejor o me desastra; supone una variedad de experiencias que procuro aceptar como un juego de espejos rotos frente a los cuales uno jamás llega a conformarse «con todo, con nada y con más». No hay justicia para los agitadores de montañas que a otros les parecen ominosos pedruscos, porque lo justo para injusto en esta versión del infierno es consumar la vida en vez de consumirla... para luego desvivirse por decidir vivirse antes que ser vivido por ella.

Tan exacto como el pasado venidero, recuerdo que mi cuerpo será descubierto por el hedor. Carcajadas llorosas lo precederán a cambio de lágrimas rientes. No aguardo la esperanza allende la gusanera, y quizá mi papel se limite a representar el perverso desastre que busca perderlo todo para habituarse de golpe a las inmensidades de la soledad. Sólo se ama verdaderamente lo que se abandona, y eso que la verdad es cosa aún menos fiable que la razón: absoluta para los crédulos, relativa para los dudosos y un invento necesario para la casta maravillosa de los mentirosos. Cosa chica, se vista como sea vista, cuando los momentos más vitales hacen que el conocimiento, que es luenga cosa desnúdese como se denuede, sirva sin que nos sirva de juguete para maníacos, la hoguera que malamente entibia con luces de sombra el mural en el fondo recoleto de la caverna donde también hay dibujados acontecimientos de la niñez que preludian toda la vida adulta. Actualizo ahora mi primera y muy reiterada pesadilla donde yo, un ente puro e intangible, me deslizaba como la conciencia rasante de una línea recta que se extasiaba por su aceleración progresiva sobre la superficie de interminable neutralidad que vagamente se asemejaba en su abstracción a un plano bruñido, no sé si lo adultero al pintarlo de albero. Irrumpía entonces una fuerza de desconocidas insolencias empeñada en afear mi itinerario con las oscilaciones de polaridad de un magnetismo que desviaba mi resuelto trazo hacia un garrapato irresoluble. Despertaba por sobresalto en la infusión sudorosa del agobio, pero el garabato seguía estando allí para torturarme. Ese borrón caprichoso soy yo.

Creo, ya sin firmeza, que la libertad empieza por sentirse preso. ¿Seremos espíritus encarcelados que se sienten un poco menos cautivos al saber que nada los librará de padecer el sarcasmo de la propia conducta? Llegue a delirarse acto o a actuarse delirio, si las expectativas de vida aumentan las probabilidades de ser un villano también.

Estas ideas que nunca llego a enarbolar en su plenitud fermentan en mi cabeza y terminarán por reventarme el cráneo que mi corazón, tonto fatal o listo de remate, aplaudirá en desacato a su agonía.

El cosmos entero resucita en cada ser una conspiración contra sí mismo.

No sé dónde ni en qué silencio, en algún lugar anterior a mí esa escalera me ha interrogado.

26.2.12

LLANTO POR ESQUICIO DE NADIE



«Mientras el sediento busca agua, el agua también está buscando al sediento»
Yalal ad-Din Muhammad RUMI
Masnavi

En los sistemas capitalistas, la vida privada se ve aparentemente estimulada sólo para ser despojada con mayores frutos en favor de una comercialización sin restricciones de las costumbres y gustos personales, expuestos al tratamiento especulativo que los dirige hacia un insidioso rapto de la intimidad. En los sistemas socialistas, por el contrario complementario, la vida privada es un obstáculo que se interpone entre los objetivos del Estado y el control social, una interferencia que debe ser colectivizada y cuya actividad, pecaminosa de subjetivismo, siempre está bajo sospecha. En ambos casos, el efecto es similar: se produce una despersonalización progresiva del sujeto, que es objetivado de manera instrumental al servicio de fines ajenos a sus intereses; unos fines que exigen la desposesión de la individualidad por razones que nada tienen que ver con el desarrollo ni el ámbito de lo propio. Esta transferencia de la propiedad de sí mismo a corporaciones anónimas o entidades burocráticas exhibe procedimientos que difieren según el modelo económico, pero las variaciones en las formas no deben movernos a engaño acerca de su trasfondo común entregado a la usurpación de la identidad: a un lado del espectro, Facebook más toda la parafernalia de aparatos, aplicaciones y plataformas que registran cualquier alteración, por esperpéntica que sea, de la privacidad; al otro, la policía política que vigila acechante la corrección del pensamiento; en un futuro no muy lejano, la confluencia de cada método de asalto al firmamento particular en una síntesis perfecta destinada a conducir al individuo a la quiebra total dentro de un archicerebro universal.

La tríada de féminas de vanguardia ha sido hallada en el debutart de Benedict Campbell.

23.2.12

A CADA MONO SU HOMBRE


«La casualidad es la gran maestra de todas las cosas. La necesidad viene luego. No tiene la misma pureza»
Luis BUÑUEL
Mi último suspiro

En el último sueño que recuerdo haber tenido esta noche me despertaba agitado por un ruido sin identificar producido en la ventana de mi alcoba. Al subir la persiana, un monito con una fisonomía demasiado humana para ver omitido el alto voltaje de un pánico instantáneo, hacía todo tipo de cabriolas balanceándose en los travesaños del enrejado. Con un impulso muy próximo al resbalón total, he tomado la cámara del bargueño poseído por la emoción de rodar un vídeo, pues tanto el singular rostro de la criatura como sus elásticos movimientos, más propios de un ser invertebrado, le conferían el aspecto que uno esperaría encontrar ante la aparición de una deidad ctónica. Sin embargo, de mi memoria se había borrado la más mínima noción sobre el funcionamiento del artefacto, y, por más que probaba diferentes combinaciones de teclas, no conseguía activar la grabación. Demostrando una perspicacia temible, el insólito humanoide ha compuesto una mueca burlona en respuesta a mi torpeza justo antes de acomodarse ofreciéndome la curvatura indefensa de su espalda, lo que he entendido como una provocadora incitación al juego. Con sumo tiento de poner sordina a mi acto, he abierto un batiente para poder alargar el brazo y atenazarlo por sorpresa, pero en el tramo final del alcance ha desaparecido de un salto dejándome en recuerdo un estruendoso pedo cuyo aroma a violetas aún perduraba cuando realmente he salido —o eso creo— de los encantamientos del lecho.

Representación mural de Hanuman, el dios mono venerado por los hindúes como una manifestación de la fuerza ilimitada de Shiva, quien asume el papel destructor en la Trimurti junto a Brahma, el creador, y Visnú, el preservador.

21.2.12

DETONADORIO


«El hambre saca a los lobos del bosque. Echadles algo que llevarse a la boca y os lamerán la mano»
Patrik OUREDNIK
Instante propicio, 1855

En mitad de una conversación improvisada en un café, una señora a quien acabo de conocer me pregunta entre retórica y victoriosa, como dando compulsa de hecho a una respuesta favorable a su criterio: «¿Qué clase de mundo quieres para tus hijos?» Y yo, cogido por sorpresa tan de mañana, no tengo mejor ocurrencia que ser sincero: «¿Se refiere al pedazo de mundo que no ha podido arrebatarme la descendencia que rechazo?»

Puesto que en cada humano la naturaleza determina los límites que la cultura, en su sentido más amplio, rellena de contenidos, al áspero hilo de esta anécdota matutina me pregunto si es mi conocimiento el que se alza soberano sobre los genes decretándoles esterilidad, o si por el contrario soy el portador de un genotipo defectuoso que se sabotea a sí mismo a través de las actitudes que he asumido de manera consciente como una estructura interna. Al observar la constante interpolación entre natura y obra, entre lo heredado y lo manipulado, a veces los límites de la primera estallan por el incremento súbito de la presión que ocasiona la segunda, mientras que en otras situaciones los atributos adquiridos llegan a implosionar estrechados por las demandas urgentes de lo indispensable; en ambos extremos la mentira prevalece como uno de los recursos embrionarios de la verdad, que parece inseminarse a despecho de sus implorantes exploradores en una ubicua e inaprensible fuga hacia la nada. Muchos creen que sólo sabemos lo que vemos, pero tengo justo las antípodas de este lugar prejuicioso por enclave menos equívoco: sólo vemos lo que hemos conseguido entender, quizá bien poco en mi caso, pues lo que sé nunca me basta para desenmascararme sin entrar en agonía...

Por la propia experiencia de esa ficción tan convincente que llamamos realidad gracias, en parte, al traspiés ajeno que hemos aprendido a manejar como una literatura común, aceptamos de Perogrullo que «pocos sueños se cumplen, los demás se roncan». No voy a discutir si es mejor verlos frustrados que puntualmente cumplidos, y será el asimismo discutible Bernard Shaw quien me facilite un veredicto al haber dejado escrito al respecto que «hay dos catástrofes en la existencia, que nuestros deseos no sean satisfechos y que lo sean». Anticipada esta dificultad, lo cierto es que los senderos del querer son sinuosos y no los endereza el saber, que se pierde en perspectivas de instrumento catalejo del hacer o en el meticuloso microscopio del pensar. Casi todos, hasta el último aliento, nos figuramos tentados por cosas afines cuando en esencia casi nadie quiere lo mismo desde su orilla del ser, lo que permite al astuto atrapar con señuelos a su presa, así como al cautivo, en ocasiones preciosas, improvisar la trampa donde caerá confiado el cazador experto.

Forasteros, un acierto enigmático de Julián de Narváez.

9.2.12

GEOPATÍAS


«El sueño capitalista es disiparse como sistema de coerción y filtrarse en nuestra existencia como un ambiente»
Vicente VERDÚ
El estilo del mundo

La humanidad se encuentra ante una disyuntiva histórica sin precedentes conocidos: o se impone el crecimiento cero gracias a un severo control sobre hábitats y habitantes que dote de equidad interna al balance entre economía y población, lo que parece obvio que no se logrará sin una tiranía universal, o se vuelve consciente de que los humanos constituyen una especie depredadora de planetas e invierte sus mejores ingenios, recursos y talentos en hacer posible la repoblación de otros astros a costa, seguramente, de romper el vínculo original con su esfera natal y, en consecuencia, de modificar con criterios artificiales su patrimonio genético para que las generaciones legatarias cuenten con mayores probabilidades de éxito en su adaptación a las condiciones reinantes del destino elegido como hogar anfitrión, un proyecto que de manera cautelar exigirá, a su vez, minimizar el gasto energético de la fisiología humana a fin de simplificar los viajes a través del espacio exterior o la permanencia prolongada en el mismo.

No es casualidad que las organizaciones ecologistas transnacionales más operativas —como Greenpeace y WWF— estén respaldadas por los feudos de magnates que controlan las explotaciones petrolíferas, así como los flujos mundiales de capital y los guiones de la política espectáculo. La toma de conciencia sesgada hacia la culpabilidad medioambiental forma parte de las primeras campañas ideológicas de un plan que tiene como objetivo instaurar una utopía global muy similar en sus planteamientos al eficiente más que feliz mundo concebido por Aldous Huxley. La siguiente etapa necesaria será la reducción drástica de la población, y después la división de los supervivientes en castas modificadas biológicamente, los alfa y los beta, en función de las características y aptitudes previstas para encajar dentro de un régimen de sostenibilidad —¿os suena el concepto?— consagrado a la armonía de un modelo social estático donde el conflicto, si lo hay, oscilará entre diferentes ofertas de conformidades libres de interferencias como la responsabilidad individual, el pensamiento crítico o la apatía. He ahí el futuro de la civilización tal como la interpretan los amos, pero ¿por qué van a limitarse a seguir uno de los dos caminos expuestos cuando actualmente disponen de la fuerza médica, mediática, militar y tecnológica para introducir los cambios de producción, régimen demográfico y estilo de vida que establecerán los requisitos de configuración a partir de los cuales podrá reiniciarse el sistema en ambas direcciones?

Visitor's Night, una viñeta retrofuturista bastante tranquilizadora de James Warhola. Pinchad en ella para ampliar.
 
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