11.11.09

CONFESIÓN DE UN JAYÁN


"¡Ay, Gran Serpiente, qué mal conoces a la gente si a la Zona conduces a individuos como yo!"
De la película Stalker dirigida por TARKOVSKY

Omitiré cualquier referencia que pueda revelar la identidad de quien ha pronunciado las siguientes palabras, pero me está permitido acreditar que se trata de una persona muy influyente dotada de una enorme habilidad para ocasionar problemas a individuos pertenecientes a los altos círculos de la sociedad:

“Son pocos quienes saben juzgar a un hombre de mi clase; yo mismo me siento rebasado muchas veces por el poder de mi voluntad y eso que sus raíces coinciden con mi facultad para ver lo que a otros nunca dejará de estar oculto. Mi vocación siempre ha sido la soledad y las armas, no atarme a nadie e impedir que nadie me ate. Podría tener medios de vida más prósperos, pero aceptaría jugar con intrigas cuyo envidiable disfraz supondría un ejemplo temido por su amenaza para la estabilidad social que me pondría en el punto de mira allí donde me encontrase, así que le estoy haciendo un favor al Estado al abstenerme de ellos y disfruto entretanto de una tranquilidad bien irrigada por la potencia beligerante de mis contenidos. Soy tan peligroso, que me pagan –y nada mal– por no hacer nada”.

NOTA: De los 22 Arcanos Mayores del tarot, El Loco es la única carta que carece de numeración y, probablemente, la que encierra mayor imbricación de significados. La versión de la imagen corresponde a la baraja diseñada por Edward Alexander Crowley, más conocido como Aleister Crowley, a cuya sinuosa biografía resultaría imposible aproximarse en estas líneas sin generar una absurda acumulación de epítetos.

5.11.09

CANTO REVENTADO


Para Elfo, mi duende cadáver

Ceder, no hay más avance, porque retroceder es la norma. Cuanto más contundentes sean los planteamientos empuñados, más combustible para la ignición súbita de las ambiciones sin posibilidad de atenuar el ridículo, amañado durante toda una vida, donde nacen y mueren las conquistas. Ya lo decía el personaje de una novela que nunca escribiré: "pasión coronada, pira asegurada". ¿Porfiamos? Renovación de penas viejas que, cuando halla encantos, en su hilo perecedero engarzará mutilaciones continuas de penitencia insomne.

No hay orgullo ni vergüenza que puedan ocultar los enredos de las Moiras si triste, obstinadamente angustiosa incluso para el carácter menos resignado, la dura médula de la realidad se interpone entre nosotros y nuestros anhelos triturando a carcajadas –fracciones con que los dioses miden la expansión de su sarcasmo– los momentos más confiados de la voluntad, que son aquellos en cuya suavidad creemos estar a salvo.

NOTA: Os juro por mis genes que si supiera quien lo ha envenenado, le hundiría con mis pulgares los ojos hasta el cogote y ensartaría su cabeza en una pica a la que prendería fuego con el aceite rancio procedente de la freidora más sucia que pudiera encontrar. Danzaría después alrededor del trofeo articulando signos rabiosos que purgarían el horror de mi conciencia en una escena que los vecinos y curiosos descifrarían al instante gracias a ese código, tan explícito como ancestral, que no amortiguan las palabras de asombro: ¡nadie, bajo ningún concepto, debe tocarme los gestaderos!

2.11.09

SOBRE EL FANTAS(T)EO


"El hombre sólo descubre en el mundo aquello que ya tiene en su interior, pero necesita del mundo para desvelar lo que tiene dentro de sí"
Hugo von HOFMANNSTHAL
El libro de los amigos

En sus más variadas representaciones, concibo y respeto la religión como una experiencia personal dispuesta a ser compartida –o contagiada– dada su afinidad con el cultivo asaz voluble de cualquier otro arte, pero no tolero que se utilicen criterios devotos para organizar la vida ajena y, aun en su estricta aplicación privada, encuentro que las creencias y actividades asociadas a un culto son poco saludables cuando superan el puro ejercicio de las fuerzas de la imaginación. Sin ponerme cartesiano ni menospreciar los circuitos neuronales que se extienden allende las máscaras de la razón permutan en razones para enmascararse, no creo que haya manera más cabal –o menos delirante– de entender la espiritualidad que en su función mística de anagogía, una gimnasia del ánimo alabada por sus propiedades para reconfortar el alma y dilatarla en la golosa contemplación de sus misterios.

NOTA: Del repertorio de Ian Pyper, quien se autodefine como artista outsider y paleolítico moderno, capturo esta cosita titulada Strange Science.

30.10.09

MUTISMO DE LOS MEJORES


No es casual que la profusión de locuras y derramamientos de sangre que acompañan al humano en su tránsito por este planeta abandonado deban su origen, en demasiadas ocasiones, a la demostración pública del sentido del mundo por parte de unos sobre otros. Tampoco niego que el conocimiento de dicho sentido pueda proporcionar inmensos placeres a quien lo busca, lo sueña o lo idolatra, pero siempre como fase previa a la constatación y posterior encubrimento de la inmanente falta de sentido de la existencia; por eso, si el conocedor es honesto, se guardará escrupulosamente de divulgar sus hallazgos.

NOTA: En su myspace podéis escudriñar más vibrantes pinturas de Glenn Brady, a quien se le acusa de ser autodidacta con la vida y experimentar trastornos esquizofrénicos con la paleta. Lamento no haber podido averiguar el título de la obra que os muestro, pues la obtuve de otra fuente donde se facilitaban datos.

21.10.09

MICROENSAYO DE CAVERNA EN UN POZO

"Se puede encajar un lindo jardín de bambúes en el mundo, pero me parece en verdad problemático eso de que le sea dado al jardinero encajar el mundo en su bosquecillo de bambúes"
Hermann HESSE
El juego de los abalorios

Hay mayores dosis de libertad en la ejecución de papeles representativos que en la encarnación de roles activos, pero en contrapartida también se disfruta de un grado notablemente menor de autenticidad, que es el sentido natural de la propiedad como formato individual de implicación y desenvoltura directas, sin figuraciones previas o ulteriores añadidas ni accesorios mediadores incorporados a excepción, claro está, del aparato cognitivo encargado de modular los datos que llegan a la conciencia. En la simulación, uno está menos ligado a la cosa y puede permitirse pasar a ser otra cosa; en la intervención, uno es con preeminencia la cosa misma. Los antiguos griegos, cuyo refinado idioma no tengo el privilegio de dominar, discernían a este propósito entre la mímesis (imitación) y la metexis (participación). Por consiguiente, si la dedicación a labores intelectuales, contemplativas o de índole mental bastaran por sí solas para vivir con alborozo, nadie en su sano juicio buscaría los efectos de los placeres y ocupaciones materiales que nos excitan en la misma medida que nos hastían.

A título de enriquecimiento subjetivo, una experiencia leída, ensoñada, vista en una pantalla o recreada mediante la exclusiva intervención de las potencias imaginarias, puede ser tan valiosa como la acción objetiva de más intensa vibración anímica (acaso porque la materia tiene mucho de ilusión y poco de realidad sustancial) y su impacto biográfico incluso más profundo, didáctico y perdurable; sin embargo, siempre le faltará la chispa secreta de la vida concupiscente, el aroma de lo perceptual sobre lo conceptual que impide a las cosas, tal vez vanas en la aridez de la existencia, marchitarse antes de haber nacido...
 
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.